La involucion presidencial de Mêxico.

jueves, 16 de octubre de 2014

Tiembla el Presupuesto.































Carlos Fernández-Vega (La Jornada)


Ejecutivo y Legislativo no terminan de cuadrar el paquete económico 2015, cuando ya el fantasma del recorte presupuestal para el último tramo de 2014 recorre los pasillos de Los Pinos, Hacienda y San Lázaro. Al México en movimiento (EPN dixit) se le ponen los pelos de punta, porque el precio de la mezcla del petróleo mexicano de exportación va en picada, junto con el volumen de producción, y las cuentas, más allá del raquítico comportamiento de la economía, de plano no les salen.

A duras penas ayer el precio promedio del barril de crudo mexicano de exportación se fijó en 77.09 dólares, 3.09 dólares menos que el día anterior y alrededor de 16 dólares por debajo de la cota alcanzada en el arranque de octubre del presente año.

Los Criterios Generales de Política Económica para 2014 fijaron en 94 dólares el precio promedio de la mezcla mexicana, y ayer cerró poco más de 17 dólares por debajo de ese nivel. Si bien tal promedio es anualizado, el rápido descenso que en este renglón se registra puede desestabilizar el armado presupuestal a escasos dos meses y pico de que concluya 2014, y en plena negociación del paquete presupuestal para 2015.

Para el próximo año, dichos Criterios Generales fijan en 82 dólares el precio del barril mexicano de exportación, pero antes de que arranque el ejercicio fiscal dicho precio ya se encuentra 6 por ciento por debajo del cálculo inicial, de tal suerte que todo apunta a la necesidad de reconsiderarlo. Y en todo esto mucho tiene que ver la sobreproducción petrolera, de la mano del descenso internacional de la demanda de crudo y la creciente producción en Estados Unidos, país que (según pregonan los privatizadores) con sus inversiones en el sector energético otrora nacional vendría a salvar a México. 

Lo mejor del caso es que, oficialmente y por decreto presidencial, las finanzas públicas quedaron despetrolizadas desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, quien en su sexto Informe de gobierno (primero de noviembre de 1994), celebró que ello fue posible como resultado de la política económica por él emprendida, la cual, según él, logró diversificar la captación de recursos públicos. Por aquellas fechas, el ingreso petrolero equivalía a 4.9 por ciento del producto interno bruto y alrededor de 30 centavos de cada peso presupuestal provenían del oro negro.

Veinte años después, ya despetrolizadas las finanzas públicas y con México en movimiento, el ingreso petrolero aporta cerca de 35 centavos de cada peso presupuestal y equivale a 7.6 por ciento del producto interno bruto, es decir, que entre una fecha y otra –decreto de por medio– la dependencia de las finanzas públicas de los dineros provenientes del oro negro se incrementó la friolera de 55 por ciento.

A punto de concluir el calderonato, el entonces director general de Petróleos Mexicanos, Juan José Suárez Coppel (hoy abiertamente y sin máscaras al servicio del capital energético trasnacional) afirmaba que por tratarse de una paraestatal, la empresa pública a su cargo era un lastre para las finanzas públicas (en los hechos, el verdadero lastre, sin comillas, para Pemex, ha sido la brutal carga fiscal).

Pues bien, ese lastre para las despetrolizadas finanzas públicas de nueva cuenta las pone a temblar, porque no sólo se cae sostenidamente el precio del crudo de exportación sino que ahora, gracias a la reforma, habrá que compartirlo con los vampiros trasnacionales. Y el primer impacto alcanza al presupuesto de egresos de la Federación, el actual y el que Ejecutivo y Legislativo aún no terminan de cuadrar para 2015. Súmese el agradable panorama económico, interno y externo, y el resultado es previsible.

De cómo el ingreso petrolero ha sido un lastre (Suárez Coppel dixit) para las finanzas nacionales da cuenta un análisis de la Auditoría Superior de la Federación: de 1938 (año de la expropiación cardenista) a 1984, el importe total anual de los impuestos, derechos y aprovechamientos pagados por Pemex y sus organismos subsidiarios no tuvo representatividad en relación con el producto interno bruto. A partir de 1985, con Miguel de la Madrid, comenzó a incrementarse la carga tributaria (a la paraestatal) al igual que la proporción respecto del PIB, al pasar de 0.1 por ciento ese último año a 7.6 por ciento en 2012, con Felipe Calderón.

A lo largo de los años (obviamente desde la expropiación cardenista) el oro negro mexicano ha aportado miles y miles de millones de pesos a las finanzas públicas, pero la enorme dependencia que de ellos mantiene las pone en riesgo cada que el precio del crudo de exportación se zarandea. En este contexto, en la historia más reciente cabe recordar que el 10 de diciembre de 1998 (con Zedillo en Los Pinos) se registró el precio más bajo, apenas 7.01 dólares por barril; en cambio, el 14 de julio de 2008 (con Calderón en la residencia oficial) reportó su máximo histórico: 132.71 dólares.

Peña Nieto arribó con un precio promedio por barril de exportación de 101.96 dólares. Al cierre de 2013 se había reducido a 98.46 dólares, y al concluir agosto de 2014 a 92.58 dólares. Para el 14 de octubre de ese mismo año el precio llegó a 77.09 billetes verdes, y descontando.

Entonces, a la Cámara de Diputados (la única legalmente responsable en materia presupuestal; aquí los senadores no participan) apenas le resta un mes, como máximo, para aprobar el presupuesto de egresos de la Federación 2015. Con la caída en el precio de la mezcla mexicana de exportación, y de paso el volumen exportado, no sólo deberá recalcular muchas de las partidas, sino que tendrá que hacer circo, teatro y maroma para que todo cuadre en el marco de unas finanzas públicas despetrolizadas por decreto dos décadas atrás.

Las rebanadas del pastel

¿Sorprendidos por la situación en Guerrero? Pues bien, como se ha comentado en este espacio es tal la acumulación de pólvora en la entidad que con una chispa el estallido estaba garantizado, porque en el explosivo coctel estatal se mezclan olvido social, histórica cuan creciente pobreza, brutal concentración del ingreso y la riqueza, gobierno ausente, Congreso inexistente, partidos carroñeros ocupados en el reparto del pastel político-financiero, represión, violencia, corrupción, narcotráfico y lo que se sume. Guerrero sobresale en la geografía nacional de la miseria y es uno de los espejos de la realidad nacional, pero la clase política simplemente echa el polvo bajo la alfombra y limita el problema a ciertos grupos de inconformes a quienes nada les gusta y todo les enoja.


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