La involucion presidencial de Mêxico.

jueves, 7 de julio de 2011

F.M.I.: Descubrimiento tardio.









Será porque el cambio de mando espabiló neuronas, pero el hecho es que el Fondo Monetario Internacional por fin descubrió el hilo negro de la economía mexicana: reporta bajo crecimiento con respecto a otros países de América Latina”; “se atora” por la enorme dependencia que tiene con el sector productivo estadunidense y, la joya, “con el avance actual México no abatirá su pobreza”. Tres décadas de análisis constante le llevó el hallazgo (parcial, dicho sea de paso, porque deja fuera la concentración del ingreso y la riqueza, monopolios y oligopolios, gobiernos gerenciales y conexos) de que el modelito no funciona.

En un encuentro financiero celebrado en Santander, España, el encargado del Departamento del Continente Americano del FMI, Nicolás Eyzaguirre, sentenció: “la tasa de crecimiento de la economía mexicana en los últimos años ha sido tan baja que no aporta para avanzar en la reducción de la pobreza y mejorar la igualdad en la distribución del ingreso… Con el crecimiento actual la pobreza no se resuelve… Una tasa de crecimiento económico de 3 por ciento (en realidad 2 por ciento), como la que ha tenido el país en promedio en los últimos años, es demasiado baja para dar oportunidades a su gente y mejorar la distribución del ingreso… En un momento en que los países en desarrollo se encuentran inmersos en una sostenida dinámica de alto crecimiento económico, México se queda rezagado. La razón más inmediata es la dependencia del sector productivo del país con respecto de las exportaciones a Estados Unidos, situación que se extenderá en el tiempo, pues ésta va a seguir reptando en un crecimiento muy débil en los siguientes años” (La Jornada, Roberto González Amador).

¡Qué revelación!, especialmente si se considera que el Fondo Monetario Internacional, junto con el Banco Mundial, no sólo ha sido impulsor, por decirlo suave, de ese modelo económico que ahora reconoce como inservible, sino que descaradamente utilizó a México como laboratorio experimental de las políticas neoliberales (le llama “modernización económica”) y a los mexicanos como conejillos de indias. Y 30 años después, descubre que el modelo “no aporta para avanzar en la reducción de la pobreza y mejorar la igualdad en la distribución del ingreso”, el cual, dicho sea de paso, es prácticamente inexistente (en ninguna parte del planeta 10 empresarios concentran el 15 por ciento del producto interno bruto de un país, y contando; sólo en México).

El gran logro de cinco gobiernos neoliberales al hilo, siempre atentos a la batuta del FMI (léase a los manuales y programas de “ajuste” del organismo), es el que ahora cuestiona el propio organismo: el raquítico crecimiento económico, la fábrica de pobres, la dependencia con el vecino del norte. Treinta años de “reformas” inservibles, socialmente hablando, para que al final de cuentas los genios del Fondo recomienden, para salir del hoyo, “más reformas para aumentar su tasa de crecimiento”, de acuerdo con el descubrimiento de Eyzaguirre.

Como se ha comentado en este espacio, el resultado de esos cinco gobiernos (de Miguel de la Madrid a Felipe Calderón) más se parece a un conteo boxístico por KO: 5, 4, 3, 2, 1, fuera… En 30 años, con el modelito “modernizador” se registran dos décadas perdidas en materia de bienestar social (la de los 80 y la primera del siglo XXI) y una (la de los 90) que de milagro la libró. Suman ya 30 años de lo mismo, con idénticos resultados, todos ellos aderezados con más pobreza, mayor desigualdad, sólida concentración del ingreso y la riqueza, menores oportunidades y un futuro cada vez más oscuro, pero el Fondo Monetario Internacional apenas si se dio cuenta.
El referido funcionario del FMI considera que para el caso mexicano 3 por ciento de crecimiento promedio anual no “aporta”. Desde luego que no, pero el problema es que tal promedio no ha sido de 3, sino de 2 por ciento (1.97 por ciento para ser exacto). El ritmo de “crecimiento” económico marca KO boxístico es el siguiente: tras la tasa anual promedio de 6 por ciento de los llamados “regímenes de la Revolución”, se pasó a un desplome de 0.34 por ciento con Miguel de la Madrid; de allí, a 3.9 con Salinas; 3.5 con Zedillo; 2.3 con Fox y 1.8 por ciento con Calderón (en el mejor de los casos). Y para comenzar a salir del hoyo, sólo para eso, se requiere no menos de 6 por ciento anual, y el país acumula tres décadas de “sólido” y “robusto” 2 por ciento.

Un poco lento el reaccionar del FMI para el caso mexicano. Los espeluznantes resultados económicos obtenidos en esos cinco gobiernos deberían ser más que convincentes para que la clase gobernante del país reconozca que los rígidos programas de ajuste impuestos por el Fondo Monetario Internacional han reventado a los mexicanos, y que el creciente costo social que conlleva su aceptación y ejecución no puede ya ser cubierto.

A capa y espada los cinco gobiernos (tres priístas y dos panistas) han defendido las “virtudes” del modelito económico. Y todos han prometido lo mismo, bajo la batuta del FMI: corregir las causas del desequilibrio económico, restablecer un proceso sano y sostenido de crecimiento económico y del empleo, recuperar los niveles de bienestar de los mexicanos, combatir la pobreza y la marginación, fortalecer el poder adquisitivo del salario, repartir equitativamente el ingreso y la riqueza, entre otras. Treinta años después, todo ello, agravado, se mantiene en lista de espera, con 2 por ciento de crecimiento anual, sin visos de mejorar.

Pero sólo hasta ahora el FMI registra el tiradero mexicano (y para levantarlo recomienda más de lo mismo), mientras a los griegos les impone un draconiano programa de “ajuste” (“porque lo importante y urgente es pagar la deuda”, de acuerdo con la flamante y socialmente sensible directora-gerente del organismo financiero, Cristina Lagarde) igual de drástico del que “recomendó” a los cinco inquilinos de Los Pinos neoliberales, con los resultados conocidos y padecidos por los sobrevivientes de lo que queda de esta heroica República.

Recordemos que............

Calma, que en este país nunca pasa nada. Cerca ya el primer aniversario de la muerte inducida de Mexicana de Aviación, todo está como al principio: a los trabajadores se les mutiló el contrato colectivo y muchos perdieron la chamba sin liquidación de por medio; el erario no ha recuperado un centavo de los cerca de mil millones de pesos que generosamente “prestó” al otrora dueño de la empresa; el gobierno no da una, mientras Javier Lozano repite como perico que “en breve” la aerolínea de nuevo estará en el aire; los responsables, públicos y privados, se lavan las manos, y el impune Gastón Azcárraga sigue tan campante.





















































































lunes, 4 de julio de 2011

El I.E.T.U., llego para quedarse.









Muy contento estaba el candidato-funcionario Ernesto Cordero en plena campaña y presume que te presume la solidez” fiscal del país, cuando a un grupo de causantes se les ocurrió recordarle que, desde la entrada en vigor del impuesto empresarial a tasa única, el compromiso de la autoridad tributaria (obviamente incumplido) no fue otro que, a corto plazo, definir cuál de los dos impuestos (el IETU o el ISR) permanecería, porque dos pagos por el mismo impuesto es insostenible.

Tal compromiso quedó claro a la hora de negociar el IETU con el Legislativo. Pasó el tiempo, y nada. Cada año los contribuyentes han pagado no el impuesto que resulte más alto de los dos citados, sino, simplemente, los dos, es decir totalmente lo contrario a lo comprometido allá por septiembre de 2007, independientemente de que la desaparición de uno u otro es un asunto olvidado. El sector empresarial ha reclamado por el incumplimiento, mientras en Hacienda fingen pérdida de memoria.

De hecho, hace unos días Ernesto Cordero consideró “irresponsable eliminar el impuesto empresarial a tasa única sin tener una alternativa que genere los 600 mil millones de pesos anuales captados por la combinación de IETU y el impuesto sobre la renta (ISR) para los ingresos del país. No podemos caer en irresponsabilidades; no podemos cometer los errores que otros países han cometido disminuyendo la recaudación tributaria”.

De entrada, la respuesta sobre cuál es el impuesto que debe permanecer (el de mayor recaudación) la proporciona, sin quererlo, el propio Cordero. El candidato-funcionario manipula cifras a discreción, como siempre, pues habla de 600 mil millones de pesos anuales “captados por la combinación” de los dos gravámenes referidos, cuando en los hechos de ese monto alrededor de 93 por ciento proviene del ISR. Desde su creación, la captación por IETU ha incumplido todas las metas. Y no sólo eso: en términos reales, año tras año ha declinado.

El IETU fue aprobado por el Legislativo a finales de 2007, para entrar en vigor el primer día de 2008. La tasa de este gravamen quedó en los siguientes términos: 2008, 16.5 por ciento; 2009, 17; 2010 en adelante, 17.5 por ciento. Pues bien, a mayor tasa, menor captación, o si se prefiere, mayor evasión. Y aparte el pago del impuesto sobre la renta, es decir, no uno u otro, sino dos gravámenes por el mismo ingreso. De acuerdo con la negociación original, a más tardar en 2011 la Secretaría de Hacienda se obligó a entregar un diagnóstico sobre la conveniencia de eliminar el ISR y dejar sólo el IETU (léase dejar vigente sólo uno).

Días atrás, la Secretaría de Hacienda entregó al Congreso el citado diagnóstico, pero el propio titular de la dependencia, Ernesto Cordero, ha dejado en claro cuál es el diagnóstico: se quedan los dos impuestos, IETU e ISR, y el compromiso original de desaparecer el gravamen menos competitivo se puede ir a freír espárragos, ergo, una vez más Hacienda incumple sus acuerdos.

El resultado concreto del IETU (con cifras de la propia SHCP) es el siguiente: en 2008, primer año de vigencia, la captación sumó 46 mil 794.4 millones de pesos, contra una estimación original (también de Hacienda) cercana a 110 mil millones de pesos. Para 2009, por este gravamen el erario captó 44 mil 633.9 millones, un monto 9 por ciento menor en términos reales con respecto al registro de 2008. Llegó 2010, y la recaudación fue de 45 mil 67.2 millones, 3.2 por ciento menor en términos reales que en 2009. Para el primer semestre de 2011 por el citado impuesto se obtuvieron 23 mil 282.6 millones, una cantidad 10.2 por ciento inferior, en términos reales, a lo captado en igual lapso, pero de 2010.
Ésas son las cifras oficiales, que demuestran la falsedad declarativa del candidato-funcionario (“600 mil millones de pesos anuales captados por la combinación” de los dos gravámenes). El impuesto que aporta al erario es el ISR; la captación –a la baja– por IETU sirve para las propinas, pero éstas también sirven para la campaña, según Cordero. Así, Hacienda incumple todos los compromisos con el Legislativo, derivados de la negociación del IETU: en captación, en transparencia y en desparecer uno de los dos gravámenes.

Semanas atrás el sector patronal “exigió a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público que elimine, de una vez por todas, el IETU como resultado de su bajo efecto recaudatorio desde su entrada en vigor (2008), esto como respuesta que deberá enviar la dependencia a la Comisión de Hacienda en San Lázaro antes del 30 de junio por concepto de revisión de diversas disposiciones contenidas en la Ley del Impuesto Sobre la Renta. Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente de la Coparmex, sostuvo que existe evidencia suficiente en favor de la eliminación urgente del IETU: dejar solamente un impuesto sobre la renta (ISR) reformado, que incorpore los aspectos rescatables del otro gravamen. La recaudación por IETU no ha alcanzado los objetivos fijados en ninguna de las sucesivas leyes de ingresos, desde que entró en vigor en 2008”.

No y mil veces no al IETU, dijo la Coparmex, pero como por arte de magia la Concamin brinca a la palestra y dice que sí, mil veces sí, porque su directiva se reunió con Ernesto Cordero y éste la “convenció” de las virtudes de pagar doble impuesto por un mismo ingreso.

Para el erario el IETU ha resultado un fracaso total, y para el sector productivo una carga adicional que no ayuda en nada. Pese a ello, Cordero asegura que eliminar tal gravamen sería una “gran irresponsabilidad”, porque “debilitaría nuestra recaudación tributaria”. Seguirá gravando el mismo ingreso con dos impuestos, mientras ratifica que al gran capital lo deja libre, no se vaya a molestar, especialmente en tiempos de financiamiento de campaña.

y...........

Lamentablemente el cinismo no es exclusivo del calderonato, pues en la administración de Marcelo Ebrard nada mal cantan las rancheras: con bombo y platillo anuncia el jefe de Gobierno del Distrito Federal que llegó a su fin el cobro de la tenencia, por lo que los chilangos, a partir de ya, pueden ser felices, pues ese tributo se borra del mapa… Segundos después de tal noticia, la “independiente” Asamblea Legislativa del DF anuncia que “busca crear un nuevo impuesto para sustituir los ingresos que el gobierno de la ciudad dejará de recibir con la derogación de la tenencia vehicular”. Qué cara más dura.









* Debido a un error por parte mia, borre accidentalmente los Cartones Politicos que habia recopilado en tres dias, espero no fallarles para el viernes.

Camilo Elizalde Leon