La involucion presidencial de Mêxico.

jueves, 10 de noviembre de 2011

La barbarie capitalista.











Según lo revelara en una entrevista realizada en marzo de 2007 el General Wesley Clark, ex Comandante Supremo de la OTAN durante la guerra en Kosovo, Estados Unidos anticipaba ya una intervención militar en Iraq, Libia, Siria, Irán y otras naciones del Medio Oriente, todo con el deliberado propósito de apoderarse de sus yacimientos petroleros y de reconfigurar dicha región según sus intereses económicos con el apoyo de sus socios de Europa e Israel, involucrados todos en una moderna cruzada colonialista. La excusa sería luchar contra el terrorismo, teniendo como telón de fondo lo ocurrido a las torres del World Trade Center de New York.

En la actualidad, los hechos confirman cada día las pretensiones del complejo militar-industrial que domina la Casa Blanca, apuntando al control de los recursos petroleros y a la imposición de un nuevo orden mundial regido por el capital transnacional. Para ello, las situaciones críticas o de conflicto interno existentes en algunas naciones (algunas de ellas inducidas por Washington y sus aliados europeos) son el pretexto para intervenir en las mismas, aduciendo que lo hacen en resguardo de los ciudadanos amenazados y/o masacrados por sus gobiernos, ahora convertidos por obra y gracia de los grandes medios industriales de información en dictaduras o regímenes que usurpan la soberanía popular y violan los derechos humanos. Mediante esta estratagema, el imperialismo binario de Estados y Europa viene imponiéndole al resto del mundo una versión modernizada del colonialismo, tutelando las soberanías nacionales, como lo está haciendo en el caso de Grecia, valiéndose de la crisis económica que atraviesa.


En consecuencia, nada de lo que está sucediendo en Medio Oriente podría casual. Las intenciones son muy claras y no han sido negadas por ninguno de los gobiernos involucrados en su puesta en práctica. Incluso se ha buscado sumar al festín a Rusia y a China, de forma que su poder de veto en el seno de la ONU no entorpezca dichas intenciones. Así, las naciones poseedoras de riquezas naturales estratégicas, como el gas y el petróleo, vitales para el estilo de vida de sus pares industrializadas, corren el grave riesgo de ser víctimas de su voracidad insaciable. El hecho que algunas de ellas no lo sean todavía, no niega que ya estén en la mira de los halcones gringos y europeos, animados por el éxito de sus recientes operaciones militares.


Todo esto tiene, sin embargo, su contraparte y eso le imprime cierto optimismo a la situación programada por los grandes centros de poder hegemónico a nivel mundial: la reacción de los indignados que amenaza con extenderse a los cinco continentes en contra del sistema capitalista. Esta es una cuestión que merece un mayor análisis. Comprender sus causas ayudaría a detener los planes imperialistas de gringos y europeos, concientizados los pueblos de la necesidad de una alternativa revolucionaria que acabe de una vez por todas con la recurrente transferencia de riqueza de los más pobres a los más ricos para superar coyunturalmente la crisis sistémica del capitalismo. A través de esta comprensión, sumada a la necesidad de un mundo multipolar, los pueblos de todo el planeta harían retroceder los planes hegemónicos de las grandes potencias industrializadas, incluso por su propio bienestar, puesto que se trata de liberarlos a todos de la actual barbarie capitalista.































































































































 

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